Límites: del “limes” romano a la escuadra y el tiralíneas

Mi vida limita al norte
con la muerte.
Al sur con mi madre herida
a la derecha mi amo,
contabilizando el aire
Límites. M. Díaz/Aguaviva

RPRESS Rafael Sanmartin. Sevilla, 18 de junio 2021.- Contabilizaron hasta el aire. Y lo que tenía un sitio bajo el aire. El “rey de reyes”, Emperador de Persia, antes de conquistar una región enviaba una embajada para exigir “la tierra y el agua”. Para ellos era la vida. Pero el rey de reyes exigía la totalidad, porque creó una unidad política, dónde cada nación, cada trozo de “tierra y agua” conservaba su estructura, su religión, su cultura. Alejandro, tan denigrado, permitió el avance del Imperio.

Imperio universal, muy lejos de los posteriores. frente a los modernos dónde el objetivo es aquello que se pueda extraer de la tierra, el conquistador macedonio prefirió integrar razas respetando culturas en una unidad que mantenía y fomentaba las singularidades, las realidades culturales. Seguramente eso era la contradicción, la feliz contradicción de quienes, pese a la mentalidad imbuída, anteponían ante todo al ser humano. En una lección no aprendida por Roma, incluso abolió la esclavitud, la castración y los sacrificios humanos. Todos los seres humanos nacían iguales: todos los seres humanos eran iguales.

Nadie consiguió llegar al nivel de igualitarismo de Tartessos, que también se expandió desde el núcleo original para crear un espacio mayor dónde reinara la igualdad, con un rey común electivo, una ley general para todos y una gran dosis de autonomía —de facto independencia o, si se quiere, interdependencia— para cada uno de los diez reinos integrantes de la Federación.

Algo de su civilización quedó para Roma, aunque no supieron desprenderse de la esclavitud ni de la castración, resabio del Imperio persa para tener criados fieles, buenos guardianes de esposas, porque Roma tampoco asumió la igualdad de los géneros y puso límites a la igualdad de las personas, quizá medida inteligente esta última, porque la división entre provincia senatorial  e imperial, o administración propia o militar, era una división temporal. Alcanzaban el grado de senatoriales aquellas provincias más avanzadas política y culturalmente. Ese fue el caso de la Bética, senatorial desde el mismo momento de su incorporación al Imperio.

| Etiopía. Foto: Estella en Pexels

Siguiendo a Alejandro, el sistema romano se diferenció de los imperios posteriores, “más modernos” en que era menos depredador. Por ejemplo, el aceite consumido en Roma era comprado a comerciantes de La Bética. Roma nacionalizó la sal porque era el salario recibido por sus legionarios, o parte de él, según la épocas

En definitiva: en la antigüedad, en Edad Antigua y Alta Edad Media los imperios fueron más racionales, más pensados para el ser humano, más integradores, menos impuestos con el único fin de explotar los recursos naturales de los países conquistados. No es que faltara quienes se enriquecieran, por supuesto. No faltaron brutalidades y abusos (¡qué casualidad! más en unos que en otros). Los que no admitieron esclavitud ni castración, ya se ha dicho, fueron el imperio macedonio y el reino-Federación de Tartessos. Pero el mundo “evolucionó”, se “modernizó”. Pero no mejoró.

El paréntesis oscurantista de la Alta Edad Media, sin duda condicionó la evolución mundial. Cuando se ralentizaron las guerras expansivas en Europa, los reinos europeos abrieron sus ojos, aunque no su mente, a la conquista de lugares más atrasados, menos organizados; lugares sin fronteras o con fronteras poco estables. Extensiones enormes, con grandes riquezas y sólo unos cuantos estados mucho más reducidos que en la actualidad. Porque dónde no habían fronteras las fabricaron.

Dónde las había las agrandaron. Pusieron límites a sus propiedades. Límites, fronteras; el límite lo puso la saturación provocada por la ocupación. La expansión de los estados europeos se produjo en África, con dos potencias que destacaron sobre las demás: Francia y Reino Unido. Por eso los límites en los lugares de escasas incidencias terrestres, sobre todo en las grandes semillanuras desérticas, esas fronteras fueron trazadas con tiralíneas. Porque las crearon dónde no las había.

Los imperios anteriores —Almohade, Almorávide, Congo, Etiopía, Fatimí ó Sudanés— mantuvieron fronteras inestables, no marcadas con precisión. Fronteras que sólo fueron definitivas tras la ocupación del territorio por Alemania, Bélgica, Francia, Reino Unido y Portugal. De ahí proceden todas las diferencias, todos los enfrentamientos internos y bi-laterales en los estados africanos. También como consecuencia de ese reparto hecho a la medida del colonialismo, hay particularidades. Por ejemplo: Liberia y Marruecos no fueron hechas por potencia colonial alguna. El último, al contrario, ganó territorios durante el tiempo como protectorado francés e inmediatamente después de él. Son situaciones que pueden merecer un estudio particularizado.

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