Fronteras y naciones africanas

RPRESS  Rafael Sanmartín. 1 de mayo 2021.-

I – Nación y Estado

Ningún estado existe desde la antigüedad remota. Ninguno existe desde la Edad Antigua como se le conoce en la actualidad. Los estados europeos tienen una historia real inferior a los tres siglos, en el mejor de los casos. Muchos existen desde hace menos de cuarenta años. En Asia, que cuenta con las formaciones políticas más antiguas ninguno ha conservado más que el nombre, y no siempre. En África, que sólo contó con dos estados en la Edad Antigua —nos referimos e Abisinia y Egipto—, los actuales sólo pueden considerarse descendientes de aquellos, pues ni su estructura ni su geografía son coincidentes; el primero ha cambiado hasta el nombre. Los propios estados actuales se arrogan una antigüedad inexistente. Analizados uno a uno, pueden comprobarse las evidentes diferencias sustanciales, porque al escribir o describir su historia se arrogan siempre la antigüedad de sus primeros pobladores, como si hubiera continuidad ininterrumpida en una construcción política. Hay muchos casos de estados con dos o tres siglos de antigüedad real, que para adjudicarse una antigüedad mayor la hacen arrancar de las tribus inconexas que habitaron el mismo suelo, muchas veces de forma nómada.

Durante muchos siglos las únicas fronteras precisas han sido las marinas, lo que equivale a afirmar que en puridad sólo las islas, da igual el tamaño, tendrían derecho a disfrutar el estado de entidades autónomas, diferenciadas. Las islas, ni siquiera los archipiélagos, dado que la mar separa unas de otras. Pero el criterio por sí sólo no es científico, pues existen otros indicadores más importantes y precisos que determinan la existencia de un pueblo. De una nación.

Porque este es el único criterio o indicador que nos da la medida exacta: Un estado es una entidad exclusivamente política y geográfica. Una entidad geográfica que se ha formado principalmente por anexiones y conquistas, pocas veces por uniones voluntarias entre los pueblos que la forman. Un estado es una unidad artificial, por lo tanto, impuesta. Un pueblo es una nación. Muy pocas veces coinciden ambos conceptos, muchas menos de las que se pudiera imaginar.

Por ejemplo, Siria es una nación dividida entre varios estados. El que el de mayor extensión lleve el nombre histórico, viene induciendo a confusión y suele ser utilizado interesadamente. Pero hay estados actuales y zonas de otros estados que históricamente formaron parte de la región Siria. Del pueblo sirio. Entre los formados por unión voluntaria, la idílica Suiza ha mantenido su actual unidad porque la mayoría venció en guerra a los tres cantones que se separaron de la Confederación el siglo XVI. Es de reiterar: analizados uno a uno, no encontraríamos un solo Estado que pueda considerarse Nación. La mayoría de los estados incluyen varias naciones y, lo peor, partes de ellas, aunque pocos lo reconozcan. Hay, por lo tanto, muchas naciones sin estado. La práctica totalidad del mundo.

La colonización

La colonización en África, América y Asia ha deformado la casi totalidad de la superficie de los estados. Ha disminuido algunos y ha agrandado muchos y hasta ha hecho nacer y desaparecer algunos pueblos, estos integrados en otros a tenor de las divisiones administrativas llevadas a cabo por las autoridades coloniales. Las fronteras en América fueron trazadas por los conquistadores, pero al menos en el sur y el centro obedecían a criterios geográficos y, en bastante menor medida, sociales, y también los políticos, basados en las diferencias entre los distintos estados conquistadores. Son los casos de Belice, las tres Guayana o el propio Brasil, sin olvidar los cambios geográficos llevados a cabo por el imperialismo yankee, tanto en la conformación de los Estados Unidos como en la artificial creación de Panamá. En Asia también hicieron estragos la dominación europea y la turca, si bien los viejos reinos del sudeste pudieron casi recuperarse tras la descolonización y las guerras posteriores. Tan sólo casi.

II – El caso de África

Es de los más sintomáticos, sin duda el más, y el más lamentable. En África, además de ser trazadas por los estados colonialistas, los límites fueron señalados con tiralíneas en función del reparto acordado. En el norte podría haber tenido algún sentido el acuerdo de reparto, ante la falta de diferencias geográficas, pero no fueron sólo el “África Ecuatorial” ú “Occidental”, igual, se hizo al sur de la sabana, con zonas selváticas pobladas por pueblos que fueron divididos entre dos administraciones enfrentadas entre sí. No sólo eso, en los casos de regiones o estados preexistentes no se tuvieron en cuenta la naturaleza ni los intereses de los legítimos habitantes del territorio. Así, por ejemplo, desapareció por completo el Imperio de Sudán, repartido entre los coloniales. Tampoco contaron las regiones interiores, formadas por grupos humanos que tenían en común, entre otras cosas, la elaboración de una cultura, entendida como una forma de comportamiento, de vida en común. Así fue el reparto en varios dominios, luego estados, irregulares en su superficie y en la división del componente humano, que «le tocó» a la parte occidental, más concretamente a la zona de la curva del Níger, hasta el Atlántico.

| Imagen que habla por sí misma. Familia Cottar en Kenia.

En África, dónde los estados escaseaban y los pocos existentes, como Egipto, Abisinia (actual Etiopía), Sudán o Marruecos, no coincidían con sus límites actuales, las potencias coloniales hicieron verdaderos estragos con sus tiralíneas. El territorio, dividido de forma artificial, quedaba a la libre consideración de las potencias europeas, sometido a los espacios físicos conquistados por unas y otras. Fueron las potencias europeas quienes crearon los estados actuales al definir las fronteras en función de los intereses estratégico-comerciales de cada una de ellas y, como se ha dicho más atrás, de las conquistas alcanzadas por cada una. Con ellos dividieron el desierto, que jamás había tenido administrador concreto. Como se ha dicho, las fronteras fueron trazadas el siglo XIX en líneas rectas, en especial en la zona del desierto, pero también al sur. Es fácil verlo en cualquier mapa físico del Continente africano. Los pueblos guerreros de la Edad Media: almorávides, almohades, benimerines, nacidos en el interior del desierto ocupaban un espacio indeterminado de la gran extensión desértica y sus imperios se extendieron por zonas igualmente indeterminadas tanto como por lugares organizados, a muchos de los cuales modificaron sus límites.

III – Los intereses estratégicos

Las naciones, en realidad, no tienen fronteras. Las fronteras son un medio exclusivo de los estados. Las fronteras sirven para auto-afirmarse, para separar. Y hasta para enfrentar. Porque las naciones son entidades culturales; los estados son entes económicos. Las naciones fueron antes; han sido y son antes. Los estados nacen cuando algunas naciones deciden colocarse sobre otras, dominarlas para aumentar su poder, para extraer las riquezas de las dominadas. Esto y no otra cosa han sido las conquistas en toda la etapa de la historia. Por eso ha habido y hay estados dominantes, opresores y naciones dominadas y oprimidas. No siempre son entes enfrentados, conceptos totalmente contrapuestos; también hay naciones y estados oprimidos que tras liberarse se convierten en estados opresores. Aunque algunas naciones se hayan emancipado en los últimos cincuenta años y ahora sean ambas cosas el concepto no cambia. Hay estados que, pese a haber sido oprimidos por otra potencia, no han sentido escrúpulos de convertirse en opresores en cuanto se les ha presentado la ocasión. Hay ejemplos: Estados Unidos, uno de los más recientes, es también de los más característicos. Egipto, recién salido de protectorado inglés pasó a compartir con Inglaterra, su anterior colonizador, el «protectorado» de Sudán. «Sudán anglo-egipcio» se le llamó en los años 1870-1950. Otro ejemplo es el de la lucha de Lesotho durante décadas para evitar ser absorbida por África del Sur, situación que perduró hasta los 60 del siglo XX.

| El imperialismo europeo en África llego a extremos genocidas.

Desaparecido el Imperio de Sudán a final del siglo XV, se produjo la transformación de África central con la formación de diversos estados, Ashanty, Dahomey, Ibo, Katanga, Liberia, Sokoto, Tucoror Zanzíbar y otros; transformación que quedó rota durante el siglo XIX sometidos por el colonialismo a otra transformación de consecuencias dramáticas, excepto Liberia. En 1914 Etiopía era el único estado africano no creado desde el exterior que había conseguido mantenerse independiente. (Recuérdese que Liberia, primer Estado africano creado en la Edad Moderna fue obra de Estados Unidos, para instalar a los esclavos liberados que prefirieron salir.

Son estas consecuencias las que se viven en la actualidad debido a que los estados que empezaron a formarse en el XVIII no fueron tenidos en cuenta en los momentos de la descolonización, como tampoco se respetó la posibilidad de decisión propia para aquellos territorios que no habían gozado de un sistema propio de gobierno, territorios que jurídicamente antes de ser conquistados, tal vez pudieran catalogarse como «tierra de nadie», sólo en el sentido de no hallarse adscritos a ninguno de los estados existentes hasta aquel momento. En este sentido «tierra de nadie» podía ser considerada la mayor parte del inmenso desierto del Sáhara, dividido y adjudicado a las colonias situadas al norte, en concreto a Egipto, Libia y Argelia y en menor medida Mauritania y Malí, quienes mantuvieron esos territorios en su poder, como parte integrante de sus respectivos territorios, después de las declaraciones de independencia, y se mantuvieron las fronteras del XIX.

Puede verse en la línea fronteriza entre Argelia y Marruecos: En la zona quebrada, esto es, montañosa, la frontera discurre de acuerdo a las irregularidades de la cordillera. En cuando se pasa a terreno llano, arenoso, esto es, desértica, la línea de frontera entre ambos estados es recta, como recta es también la divisoria entre el reino de Marruecos y el Sáhara ex-español. El resto del desierto pasó a formar parte de Sudán y los estados nuevos y los del XVIII ignorados en la descolonización, concretamente Guinea, Costa de Marfil, Sierra Leona, Burkina Faso, Ghana, Togo, Benín y Nigeria. Una pequeña franja del desierto, la situada más al oeste, con orilla al Atlántico, situada entre los nuevos estados de Marruecos, Argelia y Mauritania, quedó bajo la administración colonial española. Durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX han sido varios los movimientos de independencia, siempre débiles, por la escasez de población del territorio, en algún caso con petición de ayuda a Marruecos, incluso alguna promesa de sometimiento al régimen alauita por alguno de los jefes de tribu, lo que no puede tomarse en sentido de propiedad o pertenencia histórica al reino de Marruecos, pues incluso la zona sur de este reino la situada fuera del espacio montañoso, formaba parte de él en el siglo XVII, sino que quedó «reajustado» en la dinámica de marcación de fronteras por los estados colonizadores.

La imposición de los repartos territoriales, consecuencia de la imposición a estas colonias por parte de las potencias europeas, se ha debido siempre al mismo motivo: la explotación de sus ricos recursos naturales, motivo al que el régimen del general Franco añadió otro: la grandeza del Imperio mundial con cuya reconstrucción se hacía soñar a quienes inocentemente se dejaban llevar por el sueño.

RAFAEL SANMARTIN @andalus56

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