España y Marruecos: un baile de desagravio en un tablero lleno de obstáculos

Parece así asumir la responsabilidad por una decisión que, hasta ahora, pesaba en exclusiva sobre la cabeza de la ex ministra de Asuntos Exteriores, quien se vio obligada a abandonar su puesto al frente del ministerio supuestamente a consecuencia de la airada reacción de Marruecos.

| España y Marruecos: un baile de desagravio en un tablero lleno de obstáculos

RPRESS  Madrid, 24 septiembre 2021 (EFE) .- Desde hace semanas, España y Marruecos trabajan para restablecer sus relaciones sin perder pie en un baile diplomático lleno de obstáculos en el que se entrecruzan los destinos de la exministra Arancha González Laya y del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, la inmigración irregular, el futuro del Sahara e incluso el gas argelino.

La misma semana en que González Laya ha sido imputada por un Juzgado de Zaragoza en el caso sobre la entrada en España del líder del Polisario, Gali ha regresado a los campamentos de refugiados instalados en la desértica región argelina de Tinduf más de cinco meses después de que fuera evacuado con urgencia desde Argel a España para ser tratado de un caso grave de covid-19.

También esta semana, y por primera vez, el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, ha asumido la responsabilidad de todo el Gobierno en la decisión de permitir la entrada del líder saharaui en España al asegurar en Nueva York que “el Gobierno de España hizo lo que debía y lo hizo como debía, es decir conforme a la ley”.

Parece así asumir la responsabilidad por una decisión que, hasta ahora, pesaba en exclusiva sobre la cabeza de la ex ministra de Asuntos Exteriores, quien se vio obligada a abandonar su puesto al frente del ministerio supuestamente a consecuencia de la airada reacción de Marruecos.

La decisión no solo le habría costado el puesto a González Laya sino también ser imputada en el caso sobre la supuesta entrada irregular de Gali en España, un tema por el que ya ha declarado el exjefe de gabinete de la ministra, el diplomático Camilo Villarino, quien habría dado la instrucción de no controlar el pasaporte del líder polisario y sus acompañantes a su entrada en España.

Horas después, ante la Asamblea General de la ONU, Sánchez afirmaba con claridad que la postura de España con respecto al Sahara occidental no ha variado y pasa por lograr una solución “política, justa, duradera y mutuamente aceptable tal como establecen las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas”.

Una posición con la que cerraba la posibilidad de modular la posición de España en favor de las tesis marroquíes sobre el territorio.

Justo en esas horas, los ministros de Asuntos Exteriores de España y Marruecos, José Manuel Albares y Naser Burita, tejían y destejían la posibilidad de mantener una entrevista cara a cara con la que poner fin al desencuentro supuestamente desatado por el caso Gali y la avalancha de inmigrantes irregulares que Marruecos alentó en respuesta.

Tras informar de que abordarían la cuestión por medio de una videoconferencia, el Ministerio de Asuntos Exteriores acabó precisando que ya lo habían hecho mediante una llamada telefónica en la que habrían acordado encontrarse próximamente, reencauzando así unas relaciones dañadas desde hace meses y jalonadas de incidentes como la decisión de postergar «sine die» la reunión de alto nivel entre gobiernos o la cancelación de la Operación Paso del Estrecho desde España.

La conversación habría tenido lugar como parte de la agenda de Albares con motivo de la 76 Asamblea General de la ONU, una cita a la que no ha asistido Burita ya que se encuentra en funciones mientras se forma nuevo gobierno en su país.

Quien sí se encontraba en Nueva York y celebraría una reunión con el ministro Albares era su homólogo argelino, Ramtane Lamamra, ya que España considera tanto a Marruecos como a Argelia “dos grandes vecinos y amigos”.

La decisión española de reunirse con Argelia ha podido molestar a los marroquíes, después de que el Gobierno argelino rompiera relaciones diplomáticas con Marruecos el pasado 24 de agosto, en una escalada de tensión por parte de Argelia que le llevó este miércoles a cerrar el espacio aéreo a todos los aviones civiles y militares de Marruecos “en vista de las continuas provocaciones y hostilidades”.

Si para España es primordial la relación con Marruecos, un país “aliado y hermano” según palabras de Sánchez, no lo es menos con Argelia, que suministra el 30 por ciento del gas natural que precisa España.

Argelia ha amenazado con cortar el gasoducto que atraviesa territorio marroquí en su camino hacia Cádiz el próximo 31 de octubre, lo que supondría para Marruecos la pérdida del canon anual del 7 por ciento del gas vehiculado y para España la previsible reducción de las cantidades suministradas, lo que a su vez encarecería los precios de esta materia prima coincidiendo con la posible crisis energética que se perfila este invierno en Europa.

En consecuencia, un puzzle complejo, con decenas de fichas inestables para cuyo encaje es imprescindible restablecer una relación de confianza entre vecinos a ambos lados del Mediterráneo.

Cristina Lladó