El viaje a la inversa de Bachir: España-Senegal para no ser de ninguna parte

A partir de ese momento tuvo que aprender un idioma nuevo, adaptarse a una nueva forma de vida y empezar a formar parte de manera más intensa de una religión, el islam: "En Canarias solo iba a la mezquita los viernes y en Senegal tenía que ir cinco veces al día".

| Bachir Samb

RPRESS  Madrid, 21 noviembre 2021 (EFE).- «¿Qué pasa, que por ser negro no puedo haber nacido en Las Palmas?», se pregunta Bachir Samb, que vivió en Gran Canaria hasta que cumplió los ocho años y tuvo que marcharse a Senegal para cuidar de su abuela enferma en teoría durante unos pocos meses, meses que se acabaron convirtiendo en 14 años.

Samb decidió contar todas sus experiencias de este viaje a la inversa de Europa a África en «Cartas a Adelina», un libro en el que explica a su «madre española», fallecida en 2012, cómo era su vida en Senegal.

Confiesa que lo ha escrito porque no tuvo referentes y pide que se recuerde que «África no es un país, sino un continente entero en el que hay más que podredumbre, tristeza y guerras».

Samb hizo el viaje que muchos de sus amigos en Senegal soñaban, pero al revés. Recuerda que cuando bajó del avión, abrió la puerta del taxi y encontró que no había calles sino arena, no quiso bajar y entró en pánico.

Una llamada telefónica de Adelina, lo convenció para pisar esas calles sin asfaltar en las que tan solo una semana después estaba jugando.

«Pensaba que estaba en un sitio muy raro porque todo el mundo era negro, como yo», algo a lo que no estaba acostumbrado en España, recuerda en una entrevista con EFE.

Solo hasta que percibió que a ninguna otra persona le resultaba eso raro no consiguió relajarse.

| «¿Qué pasa, que por ser negro no puedo haber nacido en Las Palmas?», se pregunta Bachir Samb, que vivió en Gran Canaria hasta que cumplió los ocho años y tuvo que marcharse a Senegal para cuidar de su abuela enferma en teoría durante unos pocos meses, meses que se acabaron convirtiendo en 14 años. Samb decidió contar todas sus experiencias de este viaje a la inversa de Europa a África en «Cartas a Adelina», un libro en el que explica a su «madre española», fallecida en 2012, cómo era su vida en Senegal. EFE/ Fernando Villar

A partir de ese momento tuvo que aprender un idioma nuevo, adaptarse a una nueva forma de vida y empezar a formar parte de manera más intensa de una religión, el islam: «En Canarias solo iba a la mezquita los viernes y en Senegal tenía que ir cinco veces al día».

Su entrada en el islam tuvo también un momento traumático que nunca olvidará, cuando fue circuncidado sin previo aviso y engañado.

«Dentro de lo que cabe me siento afortunado porque en otras regiones se hace con una espada», comenta Samb entre risas a la vez que recuerda que le pusieron un traje completamente blanco y le dieron un palo para defenderse de aquellos que se acercasen a él para burlarse.

Samb cuenta que cuando llegó a Senegal decían de él que era «negro por fuera y blanco por dentro», algo que le hizo acordarse de cuando en España muchas de las madres de los niños que iban con él al colegio miraban a Adelina de forma extraña por ir de la mano de un niño negro: «En Canarias me decían que no era de allí, y en Senegal también me decían que no era de allí, sino de España».

«No me siento ni de un sitio ni de otro, sino de ambos», aclara Samb, que cuando volvió a España tuvo que pasar un examen «con preguntas que no sabrían responder muchos españoles» y una prueba de idioma en la que el propio examinador le advirtió que «se aburriría durante tres horas» para obtener un NIE en el que pone que ha nacido en Las Palmas.

«Hablo cinco idiomas y he tenido once trabajos diferentes, si me contratan en un sitio es porque valgo, no le estoy quitando el trabajo a nadie», recalca, ya que cree que la situación está peor ahora que cuando se fue con ocho años debido a «odio al diferente» que, a su juicio, fomentan algunos partidos.

Pide al Gobierno que se ocupe de las personas que vienen en pateras a las costas canarias y dice que conoce a mucha gente que está dispuesta a pagar cinco millones de francos por montarse en un cayuco que saben que puede hundirse en mitad del océano.

Tampoco entiende que se pueda calificar a una persona como «ilegal» y recuerda que muchos españoles también se han visto obligados a emigrar: «Una persona puede no tener papeles por cualquier motivo, pero no es ilegal».

«Si alguien viene a mi casa yo lo ayudo y cuando esa persona consiga trabajo los gastos nos los vamos a compartir», añade Samb, que volvió a España hace unos años para ser actor, algo que sabía desde muy pequeño, cuando «prefería estar en casa de Will Smith que en la calle con mis amigos».

Néstor Báez