Amnistía Internacional, el racismo amenazó el rescate de víctimas de ataque yihadista en Mozambique

| Abandonar a personas durante un asalto armado simplemente por el color de su piel es racismo y viola la obligación de proteger a los civiles.

RPRESS Maputo, 13 may (EFE).- La discriminación racial en favor de contratistas blancos frente a la población local negra hizo peligrar el rescate de víctimas del ataque del grupo yihadista Al Shabab cometido el pasado marzo en Palma, en el norte de Mozambique, que causó decenas de muertos, denunció hoy Amnistía Internacional (AI).

Durante el ataque, que empezó el 24 de marzo y duró una semana, unos 220 civiles se refugiaron en el Hotel Amarula de Palma, ciudad costera de la provincia de Cabo Delgado, de los que alrededor de 200 eran ciudadanos negros y en torno a 20 eran contratistas blancos.

En los días siguientes al inicio de la violencia, la empresa militar privada sudafricana Dyck Advisory Group (DAG), contratada entonces por el Gobierno mozambiqueño para apoyar al Ejército en operaciones antiterroristas, rescató a algunos del hotel.

Según once personas que buscaron refugio en el hotel y han sido entrevistadas por AI, la gerencia del establecimiento y mercenarios de DAG dieron prioridad a los contratistas blancos para ser aerotransportados a un lugar seguro, mientras los ciudadanos negros se vieron obligados a valerse por sí mismos.

«No queríamos que todos los blancos fueran rescatados porque sabíamos que, si todos los blancos se iban, nos dejarían allí para morir», aseguró un superviviente en un informe de la organización pro derechos humanos.

Varios testigos señalaron que el gerente del hotel Amarula aprovechó la caótica situación para trasladar a sus dos perros pastores alemanes a un sitio seguro en helicóptero, dejando atrás a la gente atrapada en el establecimiento.

Después de que la mayoría de los contratistas blancos y algunos ciudadanos negros acomodados, entre ellos el administrador de Palma, fueran rescatados, los que quedaron atrás intentaron huir en un convoy terrestre, pero fueron emboscados por Al Shabab.

Al menos siete personas del convoy murieron en la emboscada, según confirmó entonces el Gobierno mozambiqueño, si bien unas 130 personas -incluidos los contratistas blancos que habían quedado rezagados- lograron llegar a una playa en la que pudieron ser evacuados en dos barcos y ponerse a salvo en la península de Afungi.

«Estas son acusaciones alarmantes de que el plan de rescate se hizo con criterios de segregación racial y los contratistas blancos obviamente recibieron un trato preferencial», afirmó el director regional de AI para África Oriental y Meridional, Deprose Muchena.

«Abandonar a personas durante un asalto armado simplemente por el color de su piel es racismo y viola la obligación de proteger a los civiles. Esto no puede quedar sin respuesta», aseveró Muchena en un comunicado, al criticar «la falta total de coordinación entre las fuerzas de seguridad de Mozambique y Dyck Advisory Group».

En una reunión con Amnistía Internacional el pasado 7 de mayo, el ministerio de Defensa de Mozambique replicó que sólo podía hablar sobre misiones de rescate de sus propias fuerzas en Cabo Delgado, y que la raza no fue un factor en su respuesta.

El ataque de Palma, que provocó también decenas miles de desplazados, es el más grave perpetrado por Al Shabab en los últimos tiempos y tuvo gran resonancia internacional por la presencia en proyectos gasísticos de la zona de multinacionales como la petrolera francesa Total y de numerosos trabajadores extranjeros, también cercados por los terroristas durante el asedio de la ciudad.

Pese a ser tener el mismo nombre del grupo yihadista somalí Al Shabab, el homónimo mozambiqueño no está vinculado a esa organización terrorista leal a la red Al Qaeda, sino al Estado Islámico (EI).

Desde 2017, cuando empezó sus ataques, Al Shabab ha causado más de 2.830 muertos (incluidos más de 1.4000 civiles), según el Proyecto de Datos de Ubicación y Eventos de Conflictos Armados (ACLED), y unos 700.000 desplazados en Cabo Delgado. EFE