Alba Sotorra: «La solución es el diálogo, también con el extremismo islámico»

"Las mujeres que he conocido, en general, viajaron a Siria muy jóvenes, engañadas por la propaganda, y se dieron cuenta de su error en cuanto llegaron a su destino", asegura.

| La directora española Alba Sotorra. EFE/Julio César Rivas/Archivo

RPRESS  Rosa Díaz. Barcelona, 23 mayo 2021.-  (EFE).- Seis mujeres occidentales que se unieron a Estado Islámico son las protagonistas de «El retorno: la vida después del ISIS», un documental que se pregunta por las causas que les llevaron a sumergirse en algo tan oscuro, narra su presente en los campos de refugiados de Siria y propone un futuro.

«Aparcar el problema en los campos no es la solución. La solución siempre es el diálogo, también con ISIS. Estas mujeres no son terroristas, son exterroristas, y en terrorismo hay muy poca reincidencia. Si se dialoga con ellas y se consigue reintegrarlas en la sociedad de la que huyeron, pueden ser clave para impedir la radicalización de otros jóvenes», señala en una entrevista con Efe la realizadora del filme, Alba Sotorra.

Critica que «hay muchos prejuicios respecto a estas mujeres» y que ella misma los tenías porque vivió la guerra de Siria desde el lado kurdo, haciendo el documental «Comandante Arian», y conocía «la crueldad de ISIS».

Sotorra recuerda cuando, entre 2014 y 2015, muchos jóvenes occidentales llegaron a Siria atraídos por la propaganda del Estado Islámico.

Ella estaba en aquel momento en la zona rodando «Comandante Airan» y se preguntaba cómo era posible que estos jóvenes, especialmente las mujeres, se dejaran atraer por unos líderes que practicaban la limpieza étnica y privaban de derechos a las mujeres.

Una pregunta que responde «El retorno: la vida después de ISIS», un documental que, además, retrata la realidad de estas mujeres que se entregaron al bando contrario cuando Estado Islámico perdió la guerra en Siria y ahora viven en campos de refugiados de los que no pueden salir porque sus respectivos países no permiten que vuelvan.

«Lo primero que piensa mucha gente, incluida yo, es que es mejor que no vuelvan porque son terroristas radicales, pero si profundizas en sus historias ves que las cosas no son tan sencillas», aclara.

«Para empezar -añade- es más peligroso que se queden en los campos de refugiados que sean repatriadas, porque viviendo en las condiciones indignas de los campos se convierten en una herramientas de los radicales para conseguir más adeptos, y ellas mismas y sus hijos pueden radicalizarse».

Pero hay más factores a tener en cuenta, según Sotorra, como por ejemplo la manipulación que sufrieron estas mujeres y el precio que han pagado por su error.

La realizadora ha tenido la oportunidad de conocer bien a las seis protagonistas del documental a lo largo de los dos años que ha trabajado en él.

El acceso a estos campos, «que son como prisiones», es difícil para los periodistas, pero Sotorra logró que le autorizaran a permanecer dentro de Al Roj durante periodos largos de tiempo porque está controlado por las fuerzas kurdas con las que trabajó tres años en su anterior documental.

«Las mujeres que he conocido, en general, viajaron a Siria muy jóvenes, engañadas por la propaganda, y se dieron cuenta de su error en cuanto llegaron a su destino», asegura.

Una de ellas es la británica Shamima Begum, que se escapó de casa con dos amigas con 15 años y cuando llegó a Siria fue encerrada en una casa para mujeres solteras, con barrotes en las ventanas, deplorables condiciones higiénicas y mala alimentación, según cuenta ella misma en el documental.

La única manera de salir de ahí era casándose, así que lo hizo con el primer hombre que le presentaron y tuvo tres hijos, que murieron todos durante la guerra, igual que sus dos amigas.

«Son mujeres que fueron engañadas por la propaganda de Estado Islámico, pagaron caro su error y ahora están traumatizadas», afirma Sotorra.